EL CENTRISMO QUE NO VOLVERÁ. AFORTUNADAMENTE
EL CENTRISMO QUE NO VOLVERÁ. AFORTUNADAMENTE
Veo en los últimos tiempos tanto en mi entorno familiar y
social, en artículos de opinión, cómo en
las iniciativas de algunas personas, la existencia en España de lo que podemos
llamar los nostálgicos del centrismo. Dentro de las propuestas o iniciativas
tal vez la más comentada sea la de Miriam González; la vallisoletana esposa del
que fuera vice primer ministro británico, Nick Clegg, que tiene en su haber la
desaparición de un partido liberal originario de 1859, todo un logro.
Yo les llamo cariñosamente nostálgicos del centrismo porque
su candidez me trae a la mente “La Desolación de la Quimera” cernudiana. Y es que en el ámbito político ese centro es un mito, algo que no existe. La U.C.D. fue
una suerte de ascensor muy práctico en el que viajaron juntos demócrata cristianos,
reformistas del movimiento, liberales, incluso socialdemócratas, para alcanzar
juntos el piso de la Constitución de 1978; luego se disolvió como un azucarillo. Te traen luego a colación el éxito fulgurante pero temporal de Ciudadanos.
Grupo de nostálgicosPero veamos. En 1996 se firma el Pacto del Majestic entre
Aznar y Pujol por el que CIU apoyó (no gratis) la investidura del primero.
Posteriormente, en 1999, fue el PP el que devolvió al favor facilitando que CIU
gobernara en Cataluña en la legislatura que concluyó en el 2003. Todos estos
juegos tuvieron sus consecuencias y reacciones especialmente en el mundo
contrario al nacionalismo. Tan es así que podemos afirmar que el éxito de
Ciudadanos no se produjo por ubicarse en lo que llaman centro político. En las
elecciones catalanas del 2006 un joven Albert Rivera cautivó a España al
enfrentarse solo y desnudo al nacionalismo catalán y poco a poco la
sociedad española visualizó aquello como una herramienta útil y eficaz para
luchar contra el cáncer de los nacionalismos que padecemos. Tan es así que en 2017 llegó a tener 36 escaños en el parlamento catalán por 3 del PP. No, no llegó
ese partido al éxito por centrista, lo hizo por su lucha contra el
nacionalismo; y el relativo abandono de ese campo de batalla contribuyó a su
caída. Vamos que lo del centro no ha existido.
En mi humilde opinión, la aparición en España de una
propuesta política de semejante tenor no sería otra cosa que una quimera que
acabaría en desolación. Entre otras cosas porque para adoptar un nombre que
reflejase su identidad real se tendría que llamar algo así como Partido Ecléctico ya que
lo que hace es tomar cosas de aquí y de allá, asumir elementos de diferentes
estilos. Pero lo más importante es que
para sacar adelante un proyecto como ese debiera existir una demanda social del
mismo y dicha demanda ni está, ni se la espera.
En Europa vemos un claro alejamiento y repulsa del
socialismo que tan solo gobierna en dos países, el nuestro y en el Reino Unido,
en ambos casos de carácter populista; la sociedad rechaza el socialismo. Pero también
abandona y se posiciona contra aquellas políticas, digamos, eclécticas que han
fracasado por implementar parte de los postulados socialistas y no ser, por el
contrario, radicalmente liberales; Europa mira a otras propuestas. Y es que la
gente no aguanta más el estancamiento, la pérdida de poder adquisitivo de las
clases medias, la inseguridad y la laminación cultural fruto de una inmigración
incontrolada e ilegal, por citar sólo algunas cosas.
Pero analicemos la cuestión con un caso concreto. El del
segmento de población que más decididamente apuesta por el rechazo al
socialismo y a sus acólitos eclécticos centristas o populares; me refiero a los
jóvenes, universitarios o no. La verdad es que me molesta profundamente cuando
leo en la prensa, escucho en la radio o en mi entorno, frivolizar sobre ese
fenómeno y tomar su postura como una gamberradita de juventud y no como algo
serio; para mí eso es una actitud viejuna.
Nuestros jóvenes están muy preocupados, con toda la razón, por su negro futuro. No ven claro que les vaya a ser posible realizar su proyecto de vida. Observan que la renta disponible de las familias sea cada vez menor, que tienen que iniciar su vida laboral con unos ingresos que no les permiten desarrollarse y vivir. Les aterra estar abocados a mantener con su trabajo el sostenimiento de un sistema de pensiones que otros han llevado a la quiebra y que les va arruinar a ellos o les fuerza a emigrar, aunque al menos vayan a tener a Argentina como destino igual que generaciones anteriores. También Argentina puede ser un remedio contra las consecuencias de la más que previsible crisis de deuda pública. Tampoco están dispuestos a aceptar la progresiva limitación de la libertad que ya experimentan en sus carnes simplemente en su paso por las universidades; vamos que están en su derecho de no querer todo eso por nada del mundo.
Los jóvenes conocen muy bien lo que supone el socialismo y
las heridas que genera. Pero, al mismo tiempo, no entienden y desconfían cuando
un tal Núñez, en el congreso de su partido el PP el pasado julio, habla de y
propone la “centralidad”. Y ¿eso qué es? Nuestra juventud, con lógica y
sabiduría, piensa que tal vez se trate de la cobardía de no abordar una reforma
del sistema de pensiones abandonando el de reparto para ir a uno de
capitalización, como en otros países, y que eso les frustre su futuro ( ¡Uy¡ que trabajo y esfuerzo
debe tener esa reforma). Tal vez la centralidad esa, sea cargarse el estado del
bienestar para mantener el bienestar del estado; colas en la sanidad pública,
sistema de pensiones quebrado, asfixia fiscal, empobrecimiento de las clases
medias, y mercados de la vivienda no liberalizados, que no dejan promover a quien lo tiene que hacer que es el sector privado, intervenidos tanto por
socialistas como por populares y que impiden el acceso a la vivienda. O tal vez sea no regresar a la independencia judicial cuando pudo hacerlo. Sí con
certeza que todo eso debe ser la cobardía llamada “centralidad”.
Cuando algún joven va a hacer unos recados al supermercado
hoy en día y observa que lleva gastados más de seis euros en una barra de 250gr
de mantequilla y un botecito de mermelada, piensa: “y todavía no he comenzado a
desayunar; si no llego a la cena como para alcanzar el día de mañana”
Sí, nuestros jóvenes no son frívolos, son personas
luchadoras y preocupadas por su libertad y su futuro.
Y yo me pregunto, los eclécticos de “La Desolación de la
Quimera” ¿están pensando en las siguientes generaciones o en buscarse un
acomodo personal?
Si te preocupa el futuro de los
jóvenes, COMPARTE
José Antonio García-Albi
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